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Euskera a orillas del ebro

Eduardo Aznar Martínez, Licenciado en antropología por la Universidad de Deusto en Geografía e Historia por la UNED. Investigador. Analista del Ibero y del Euskera.

 

Plaza Nueva

Estela de Sesenco

Estela de Sesenco / Plaza Nueva

 

Tudela.  Aunque en la actualidad tendemos a considerar la lengua vasca como un idioma confinado al espacio del País Vasco, norte de Navarra y la zona pirenaica vasco-francesa, lo cierto es que solamente ha llegado hasta esta situación como consecuencia de un proceso de regresión generalizada por todos los lados.

Sabemos por diversos datos, que en el pasado el euskera fue hablado a lo largo de un espacio bastante más amplio, que incluía las llanuras aquitanas, toda la cadena pirenaica y como mínimo grandes áreas del Valle del Ebro. No obstante, muchos autores han venido defendiendo la idea de que al sur de Tafalla jamás se utilizó este idioma, basándose en una presunta carencia de datos que demostrasen su existencia en la zona.

En efecto, según descendemos desde el norte del territorio navarro hacia la Ribera, los indicios dejados por el euskera se van haciendo más escasos, aunque nunca llegan a desaparecer del todo. Por suerte, en los últimos años se han producido una serie de pequeños descubrimientos a nivel arqueológico, que nos aportan nuevas pruebas de la presencia en época prerromana de una forma antigua del idioma, en territorios tan meridionales como la provincia de Soria.

Concretamente, en puntos de los valles de los ríos Alhama-Linares, Cidacos e Iregua han aparecido varias estelas funerarias escritas en latín, en las que se consignan nombres de persona indígenas, comprensibles mediante el euskera. El más conocido es el de «Sesenco», interpretable desde zezenko = “torito, novillo”, traducción confirmada por el hecho de que en la estela aparece grabado un toro.

Junto a éste se observan otros nombres como «Oandissen», derivado posiblemente de oihandi = “zona salvaje”, o «Arancis», donde podemos reconocer el componente aran = “ciruelo silvestre, espino, endrina”, presente actualmente en palabras tan conocidas como patxarán.

Si todo esto lo ponemos en relación con diversos testimonios de escritores grecorromanos contemporáneos de aquella época, así como con topónimos de la zona como Kalagorri (actual Calahorra), Ilurci / Graccuris (Alfaro) o Araceli (Araciel en Corella, de la misma raíz que el río Arakil), podemos intuir un panorama en el que el euskera sería un idioma asentado firmemente en la región.

Sería la conquista romana la que lo obligaría a retroceder, hasta el punto de hacerlo desaparecer completamente, aunque todavía desconocemos a qué velocidad se produciría esta sustitución. De todas maneras, dado que el euskera se mantuvo como lengua viva durante la Edad Media en las vecinas Rioja y Navarra media, hay que decir que no desapareció del todo en el área de la Ribera hasta los siglos XVI-XVII, cuando se empezó a producir un proceso de regresión más radical, que lo condujo a la reducida extensión actual.